Es que así es sencillita la vida.
A las puticas con pelo largo todo les resulta fácil o gratis. Mientras yo hago
cola entre la multitud, la loba del piso 10 siempre es la primera que atienden
en la panadería. Ahí está: con el culito parado pidiendo canillas. Te lo juro
que no viniese más si no me gustara tanto el cachito de jamón y la bomba de
crema pastelera.
Siempre que vengo, está ella.
Alta, flaca blanca, catira y puta. Yo no es que la mire mucho sino que sus
características saltan a la vista (claro!
la caraja es una brincona). En lo que me ve, me sonríe. Ella sabe que yo
soy más bonita, que ni un pantalón le queda tan pegadito como a mí y que a los
hombres les gusta la carne y el béisbol… Y ella, ni tiene carne, ni tiene pinta
de haber ido al estadio.
Pobrecita. Seguro vive en una
eterna vomitadera o come lechuga todo el día. Cuidado y se pone verde! Esa debe
estar pidiendo las canillas para la mamá o los niños de la calle porque se las
tira de santa. Coño. Su canilla está más tostada. Típico. ¿Será que cambio la
mía? El peo es la que la mordí. Aunque si la volteo, Joao no se va a dar cuenta…
Qué coño. Lo dejo así. A pagar y más nada. Uy! Oreo Fudge! ¿Eso no estaba
descontinuado?
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