Como todas las veces que tu mamá
dice: “no toques la torta” y terminas con la boca y los cachetes llenos de
chocolate. Así. No hay nada que esté terminantemente prohibido en este mundo. Y
menos aún si depende de ti mismo aguantar tentaciones.
Últimamente he pensado mucho en
eso. En todo el cuentico de la culebra, Adán y Eva. ¿Cuántas veces la culebra
le escribía mensajitos a Eva? ¿Eva la había eliminado del pin o no? ¿Qué tan
serio iba lo de Adán?
Yo les aseguro que Eva no era
boba. Para ser la primera de nosotras, ya tenía a dos seres vivos del género
masculino cortejándola. La cosa es que la niña decidió mal, y nos condenó a
seguir sus pasos por el resto de la humanidad y lejos del paraíso.
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