De ella saqué
la gritadera. Esas ganas de contar la vida como si fuese una película. Con cada
escena, cada plano bien descrito. El protagonista de la historia puede ser
cualquiera. Un vigilante, la vecina, una amiga, el pájaro que se posó en la
ventana, tú leyendo mi post. Para mi mamá, es muy fácil irse al detalle y
repetir gestos y tonos de voz. Los Hermanos Grimm no serían famosos si ella
hubiese nacido en 1760 y tantos. Ella lo expresa todo como si narrara un partido
de la Champions. Emoción. Intriga. Dato curioso. Emoción. Comentario fuera de
lugar. Emoción. Gol. Si la escucharas,
te sorprendería lo extraordinario y fantástico que puede resultar ir a la
panadería.
Para hablar
con mi mamá, debes tener tiempo de sobra. Decir “Chao, mami… Te veo en la noche?” significa en su mente: “Porfa, invéntame una historia larga y en partes
de lo que vas a hacer desde las 8 a.m. y hasta las 8 p.m., que me gusta
aguantar el ascensor con un pie adentro, y otro afuera, mientras disfruto de tu
compañía…”
Lo sentimental
también tuvo que ser de ese lado. Mi papá es tan gallego, que creo que su
corazón es en realidad un callo (como en los caldos). Él siente mucho y expresa
poco… Claro! No hace falta que lo haga. Ella se expresa por los dos y hasta por
mi hermano. Las emociones son tan importantes para las Míguez-Casalins que si
nos preguntan el nombre del documental sobre relojes que vimos la semana
pasada, no tenemos idea. Ni sé el canal. Maybe
Discovery o NatGeo. Por otro lado, les puedo decir exactamente que tenía
puesto cuando me enteré que mi mejor amiga se comprometía y mi mami recuerda
cada salida con mi papá, todas las canciones de mi infancia, los enamorados de
mi tía, la primera caída de mi hermano… y a un nivel de detalle que parece Instrucciones
para whatever de Julio Cortázar.
Dicen que
somos igualitas. Yo de pequeña lo dudaba. A los 6 años yo era catira como mi
papá y eso significaba que me parecía a él y no a ella. Mi hermano si compartía
su pelo negro. Él sí era como ella. Hoy en día, veo nuestras similitudes. La
cara alargada y los ojos pequeños. Las manos de vieja. Las cejas desordenadas.
La espalda chiquita y las ojerotas. Las piernas larrrrrrgas y lo flacas. Ojo:
la delgadez es el tipo de herencia que se desvanece con el abuso. Es como si un
quinceañero recibe un cheque por $1234567890. Si se los rumbea, los pierde.
Igualito. Ser delgada es un bien que me traspasaron y se perdió con los años.
Parecerme a
ella me asusta. No hay mujer que no te diga que le da miedo parecerse a su
mamá. Que hay muchas cosas que cambiaría y blablabla. Yo estoy de acuerdo en mucho
de eso… Pero viéndola al lado mío, sentada y tranquila por tenerme cerca, me da
una alegría inexplicable. Muchas personas no cuentan con esa cercanía que yo
tengo con mi mami. Y eso es garantía de que ella lo hizo bien. Que esas
historias contadas con tanto amor, y loquera, sirvieron de algo. Es lo que me
hace pensar si estoy a la altura de ser mamá algún día, y más si quiero un
equipo de fútbol. A la altura de alguien que, más allá de darme la vida, me
narró a todo gañote lo que se siente ser mi madre...