No era raro que ella llegara tarde. Él se había preparado prendiendo un cigarro tras otro, mientras la cabeza le daba vueltas. Sospechaba de un engaño y no iba a permitir tal descaro. Debía resolver el problema de una vez por todas.
A las tres en punto llegó ella al local. Era un lugar familiar, sin muchas mesas y una barra amplia. No estaba lleno por lo que era menos bochornoso si todo se salía de control.
- Te sientes bien? – preguntó ella.
Él sólo dijo: “Vamos a ordenar, sí?”, mientras se rascaba la cabeza.
Al cabo una hora decidió hacer la pregunta. Ella no supo que decir. Todo le había caído de sorpresa. Corrió al baño y vomitó. De hecho, hasta le comentó a una mujer en el baño la situación. Le explicó como hace un tiempo sospechaba que él se lo preguntaría y cuán nerviosa le ponía responderle.
-¡Ten valor, mujer! Dile que sí… - le sugirió la del baño.
En la mesa estaba él. Llevaba ya un rato esperándola. La miraba fijamente con ambas manos agarradas y una pierna temblorosa. Casi todo hacía silencio dando la sensación de que el lugar completo sabía lo que pasaba.
- Lo acepto – dijo ella – Me encantaría ser tu esposa para navidad…
Ay no! Qué belloooo! :) Y eso te pasó o no? jajaja! Echa tu cuentoooo!
ResponderEliminarMuy bueno petite, se nota que eres discípula de Eritza
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