A nadie le gusta ir al médico. Estamos claros. Pero
de toda la lista de torturas que toca pasar para cualquier chequeo, la peor es
la bendita sala de espera. Eso de sentarse horas a leer una revista del 96, con
la portada de Wanda y Yalimar, tips para
enamorar a tu chico y la receta de una torta de pasas, es simplemente
aburridísimo.
Yo no conozco al primero que piense “Suerte! Me toca hacerme un examen de
sangre… How excited! Esperé toda la semana para
ver una novela sin volumen, en un televisor vintage de media pulgada”.
Las esperas, en su mayoría, son un fastidio. Los
bancos los días de cobrar un cheque o para entregar carpetas Cadivi. Laaas cooolas
de los automercados que están imposibles en Venezuela. Las paradas de Metrobus.
El ticket número 999 de la farmacia o de la charcutería. Incluso las colas
para comulgar aburren... (Sorry, God,
pero no me dejas mentir).
La cuestión que molesta es que son tareas de las
cuales queremos salir ya. Apurados. Uno quiere un kilo de pollo (suponiendo que hay) sin mayor emoción. Lo que quieres realmente es estar en otro sitio pero si no lo compras, no
comes. Es un mandato. Algo impuesto que tiene un objetivo específico y que
viene acompañado de un río de gente que quiere lo mismo que tú.
Hay una espera que es distinta. Que es intrigante.
En donde lo que deseas badly, no ha podido ser tuyo todavía y eso da
taquicardia (de la buena). Es un
sentimiento que yo no he podido explicar pero que hace que quieras más. Esperar
viene a ser el disfrute en sí y da hasta miedo pensar que pasaría si cumples el
objetivo. Es como si quieras quedarte como el próximo en la cola. Que
finalmente tomaran tu ticket y en ese instante, el mundo se paralizará. Sin
importar cuánto tiempo llevas en fila. Cómo te vestiste para ir. Cuántos
requisitos llenaste. O si llegaste a tiempo o no. La recompensa es esa
electricidad en cada centímetro de tu cuerpo que te empuja a seguir anhelando... Y pedir más y más mientras disfrutas cada pasito avanzado. Porque estás claro de que puedes vivir sin llegar a cumplirlo... Que
no fuiste por un requisito sino por ganas. Y lo que queda es ese deseo puro de
mantener el pulso acelerado en ese espacio entre tú... y él.
Te falto la poco agradable cola del cine, sobre todo para comprar las cotufas... Creo q es peor q la de espera en el medico, ahi por lo menos te ries con los looks 90'
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