Entradas populares

14.3.11

Yo no la maté









Yo no la maté.

A eso de las cinco de la tarde recibí un correo. "Tu sabrás..." era el título y me dio fastidio leerlo. Era obvio que era otro de sus desahogos cargados de arrechera, insultos y mucho sentimiento. Yo de verdad creo que ella estaba loca. No de manicomio, porque ella enamora. El guardia le hubiese quitado la camisa de fuerza al momento de verla y la hubiese invitado a cenar. Ella es de esos locos que engatusan... Que saben enamorar a su alrededor para invitarlo a su mundo fantasía y hadas.

Alguna vez creí que yo pertenecía a ese mundo. Que yo también era feliz a su lado mientras corríamos por el bosque y brincábamos charcos. Con ella, los atardeceres eran cargados de color y las noches tenían infinitas estrellas. Su mundo era así... Siempre y cuando pensaras como ella...

Yo no la maté, porque yo no estaba ahí.

Ella estaba gritando, como siempre. Viéndose al espejo y diciéndose a sí misma que era una princesa. Que su príncipe estaba a punto de llegar en un corcel blanco a quitarle ese hechizo de ser insegura y vivir para los rumores. La cosa es que cuando uno se grita cosas es porque no está bien de la cabeza. Las verdades vienen guardadas en silencios mientras que una mentira esta bien contada si se logra irritar la garganta al decirla... Por eso es que a veces yo no lo creía y automáticamente me iba de su mundo... de su bosque.

Yo no la maté. Ella se murió.

Se murió por dentro de tristeza. No encontró felicidad en tanta rumba, música y piropos. Se murió como era de esperarse. Mirando al espejo y con la frente en alto. Mirando al mundo por encima del hombro y sintiéndose diferente a los demás.

11.3.11

Sebastián Park II

Cualquier persona que me conozca, sabe quién es Sebastián…

Sebastián Park y yo comenzamos a vernos en el 2007, justo después de Carnavales. Yo había pasado muchos años esperando a alguien como él y cuando llegó, quede atónita.

Desde el primer día que lo vi, me enamoré. Fue tanta mi fiebre que no paraba de llevarlo a todos lados y podía pasar largo rato con él cantando al ritmo de mi ipod. Éramos casi uno. Ambos íbamos en la misma dirección, cosa que me encantaba.

Mis amigas estaban felices con mi relación. Gracias a él me acerque más a ellas. Las podía ver más seguido y él era feliz en buscarlas aunque hubiese cola en la Cota Mil o estuviese cayendo un palo de agua. Y es que las colas de Caracas eran hasta soportables con él. Nos reíamos de los cochinos que se sacaban los mocos y mil veces dormimos juntos en la universidad entre clase y clase. Incluso empecé a hacerle más favores a mi familia por lo que, al poco tiempo, mi papá reconoció que Sebas era perfecto para mí.

No todo fue siempre perfecto. Confieso que era incómodo entendernos al principio. Mi abuela llegó a vieja diciendo que hombre que se respeta, la caga. Yo no siempre sabía lo que hacía y más de una vez estuve a punto de darme un tortazo con Sebas.

Sebastián siempre ha sido muy fiel, cosa que agradezco, pero tiene varios defectos que sacarían de quicio a cualquiera. En primer lugar, no tiene mucha fuerza. Es de esos que va “lento pero seguro”. Cuando decide avanzar rápido va directico a meter la pata o a estrellarse contra algo. Él cree que es el típico “machito” y está bien equivocado… A la primera, se asusta y termina golpeado por todos lados. Entonces toca separarse de él un tiempo y que cure sus heridas…

Tampoco es que sea muy grande. De hecho, si me preguntan a mí, físicamente es muy chiquito. A pesar de tener una personalidad enorme y acompañarme a todo lo que le pida, si me fijara en las apariencias, Sebastián no sería mi primera opción… Capaz tampoco la última.

A veces ni reacciona cuando le pido algo. Se queda allí, parado, mirándome y no hay manera de que me preste atención. Yo creo que es rebeldía o falta de pilas. Yo soy su primera relación, la primera que lo ha tocado… Que le ha permitido cumplir su misión en este mundo aunque a veces se le olvide y se ponga malcriado. Porque si algo no tolera él, es que “yo lo maneje a mi antojo”. La primera y única vez que decidí alejarme de él mi vida se convirtió en un infierno. Lloré en todos lados. En el metro, la camionetica, corriendo bajo la lluvia… ¡Era la llorona pero sin el pelo tan largo!

Actualmente sigo con Sebastián Park y debo confesar que aún lo amo. Ya vamos a cumplir 4 años juntos y me alegra decir que hoy, 28 de febrero, Sebastián es todo mío. Mi papa así me lo dijo: “Ya el carro es legalmente tuyo. El crédito del Spark está pago y mañana me entregan los papeles…”

Cuestión de poder

Si algo me molesta en el planeta es no poder hacer lo que quiero. Te quiero escribir y no puedo. Te quiero insultar y no puedo. Te quiero olvidar y ¿adivina qué?

No puedo tampoco besarte o batuquearte para que reacciones. No puedo llorar en público ni en privado porque la mayoría del tiempo siento que esto tenía que pasar. No puedo odiarte y aunque puedo amarte, no puedo hacerlo…

No puedo seguir atada a pensar en nosotros, ni puedo ser sincera cuando te digo que vamos a tener un happy ending. No puedo hacer nada y eso me revienta. No puedo dormir corrido ni dejar de pensar en ti. No puedo coquetear con otra persona pero tampoco puedo dejar de hacerlo. Lo mismo con quitarte mi vaso, llamarte, contarte de mi abuelo o simplemente nombrarte en alguna reunión.

Tú por el contrario si puedes. Tú lo tienes todo. Tu decisión, mi amor, tu vida, posibilidades, tu trabajo, tu familia en pleno. Puedes llamarme cuando te provoque o dejarlo así para siempre. Puedes dormir con tu plumón y decidir quedarte con tu carácter. Puedes jugar play y salir de noche. Puedes comer pizza solo y disponer no llorar por nadie. Puedes coquetear, besar, amar, quedarte con mi vaso y nombrarme…

Con tanto poder, ¿de qué te quejas? ¿Qué te hace sufrir? ¿Mi existencia o la tuya? ¿Qué nos topamos en la vida o que más nunca lo hagamos? Yo quisiera tener tanto poder. Me gustaría poder administrarlo un poco mejor que tú. Poder amar a alguien como se debe. Con todo. Sin dudas y con muchas ganas. Quisiera un plumón y cambiar una copa de vino por tu carácter un día. Quisiera entender lo difícil que parece ser tan poderoso. Tenerlo todo sin saberlo. Pensar que no se puede, como tú lo haces, cuando tienes tanto.

Yo no puedo cambiar mucho mi destino. (Creo que cuando Dios escribió el mío lo selló en una caja fuerte). No puedo nacer distinta, ni pensar de otra forma pero en parte lo agradezco porque puedo ser yo. Puedo ser sincera con quien amo. Sincera con la vida que llevo. Aceptar lo que no puedo hacer y valorar lo que si. Modificar el paisaje de mi destino para hacer el recorrido más agradable. Disfrutar de mí. De mí y de ti cuando estabas. Cuando tu poder te lo permitía y Dios te metió en mi caja fuerte…

Puedo salir de mi casa sin remordimiento de no haberlo intentado siempre. Puedo entender que no todo es como uno quiere. Que quien se duerme, pierde. Y que aunque no te pueda olvidar nunca, me hace feliz el aprendizaje que me dejaste. No puedo saber que tienes en tu cabeza aunque tú sabes que hay en la mía. Eso es la magia de tener poder. De ser poderoso. Tener algo que el otro no tenga. Tú siempre me has tenido (hasta cuando parecía que no). Has tenido mi cuerpo y mis cartas. Mi casa y la tuya. Mis sueños y las ganas de que los compartas no pudiendo obligarte a nada.

Recuerda que yo casi nunca puedo contigo. No puedo cambiarte. No puedo. Amarte por siempre es algo que tampoco puedo. Ni eso, ni negarte un beso. A mi me quitaron el poder de decirte “mas nunca” sin quedar como una mentirosa. No puedo negarte lo increíble que eres para mí y lo inseguro que eres por dentro.