Hay instantes en la vida en que uno es feliz sin motivo aparente. A mi me pasa full cuando voy en el carro, manejando a una velocidad propia de un domingo y con alguna canción de Max Pizzolante. Cantar a todo gañote “El que la hace, la paga” en plena autopista no tiene precio.
Allí en mi carro soy más bella. Más inteligente y mucho más independiente.Una especie de Erin Brockovichsin la tonelada de planillas firmadas. Es divino. No hay nada que me tumbe. Vivo para cantar, verme en el espejo y sentirme bien.
La felicidad son esos instantes en los que no solo estas conforme con lo que eres, sino que lo amas con todo tu ser. Son momenticos de 5 minutos en donde sientes que ya lo alcanzaste todo. La vida, por otro lado, es la lucha constante entre lo que eres y las circunstancias que hay que superar para que esos minutos nunca se pierdan…
¿Quién nos avisa? Porque quizás tú te enteraste y yo no. A mi siempre me pasa eso. En quinto grado, todas mis amigas llegaban al colegio vestidas “de calle” el día de la gratitud. Vestidos, jeans, carteras grandes y yo en uniforme por despistada.
Las señales que manda el universo, y que las personas entienden de manera orgánica, a mi me pasan de largo. Debería existir un periódico mundial de notificaciones simples. “Hoy cumple tu madrina”, “No dejes las llaves dentro del carro” y en la primera plana, a doble espacio, en mayúscula y negritas: “TU RELACIÓN SE TERMINÓ”.
Si. Yo entiendo que ya me regresaste mis cosas y eso es señal de que cada quien tiene su vida. También hemos dejado de hablar por varios días y no conozco una pareja que siga junta después de eso. No es que sea bruta, gordo. Es que por otro lado, no paras de mirarme alto. Nadie me mira alto sino tú. Y cuando tú miras alto, estás enamorado...
Eres incapaz de decir “hasta nunca” y muy capaz de mandarme un mensaje a medianoche cualquiera de estos días. Entonces… ¿Quién nos avisa que todo se terminó? ¿A quién le pregunto si estaremos juntos mañana?
Nadie lo sabe. Siempre lo dices… Y al terminar esa frase vuelves a mirarme alto, vuelves a abrazarme y me pides que me vaya. Yo me voy. Me voy creyendo que entendí todo. Buscando salir esa noche y la siguiente para poder hacerle caso a las señales obvias.
El problema es que esas señales obvias a mi no me sirven. Es obvio que hay que ir al colegio en uniforme… y ya tú sabes lo que me pasó. Es obvio que debo olvidarte, no escribirte más, desaparecer de tu vida, conocer a alguien nuevo, enamorarme y ser feliz... Entonces yo lo hago. Me voy a lo obvio y hago lo debido… y de la nada, es día de la gratitud.