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13.4.10

Postgrado

"En ese capítulo del anteproyecto, varios factores influirán en esa evaluación...", dijo ella, mientras señalaba la pizarra.

La profesora estaba en lo cierto. En este instante, dos factores influían en mi problema. En primer lugar, la falta de comida (comúnmente conocida como "hambre") y en segundo, el sueño. Ambos factores daban, como única evaluación posible, una clase realmente aburrida.

Pocas veces me siento tan distraída así. Confieso que el postgrado ha sido fascinante. No hay lunes o miércoles en que no llegue a mi casa y, como loro, repita todo lo que aprendí. También confieso ser "una ladilla" (grosería válida para este texto pues el calificativo de "fastidio" me queda corto).

Últimamente no hay pleito con mi novio que no considere un problema comunicacional o servicio en el país al que no le analice su ventaja competitiva.

Todo se ha vuelto postgrado. Mis amigas son su público target, el vino es el producto y mi ropa, la imagen...

No. No soy una nerd. A pesar de sonar así, aclaro que rumbeo mucho y estudio poco. Los trabajos me toman unos minutos para terminarlos y, aunque los parciales me ponen los pelos de punta, siempre saco notas altas. De hecho, me atrevo a decir que soy bastante buena alumna. No hablo en clase y mi cuaderno está lleno de apuntes...

Mis compañeras son normales. Me explico: el adjetivo de "normal" no lo empleo de manera despectiva. Por lo contrario, lo anormal me asusta y ellas no lo hacen.

Ellas no quieren ser mis amigas pero tampoco me ignoran. Son simplemente normales. Mujeres que, como yo, quieren especializarse para representar un valor agregado a la hora de compararse con el resto del mercado.

El mundo así lo pide hoy. Hay que estudiar más y prometo que mi postgrado es fascinante (a pesar de esta clase y mi poca participación).

"Si tuviésemos que relacionar todos los elementos del problema", tal como dijo la profesora, yo solo soy una ladilla que se quiere especializar...